Llevaba ya tiempo en regalar a mi chica con un gang-bang a la altura de sus merecimientos, pero no encontraba el lugar ni los compañeros de viaje adecuados entre la gente que conocemos o en la que puede encontrarse en los clubs de intercambios. Así que decidí intentarlo con un nuevo enfoque. Creé una cuenta en una conocida página de contactos y fui revisando detenidamente perfiles hasta seleccionar diez que me parecieron interesantes e "interesados". Les escribí un mensaje tipo, contacté con varios de ellos y mantuve algunas conversaciones por chat y por teléfono. Tras un par de semanas de trabajo había seleccionado a cuatro que estaban dispuestos a seguir las reglas del juego.
La semana pasada reservé una habitación para el jueves por la noche en un céntrico hotel de Madrid. Llevé a cenar a mi chica a una hora temprana, nos tomamos una copa, y entonces le dije que tenía una sorpresa para ella. Teníamos que ir al hotel, y allí la desnudaría por completo, a excepción de los ojos que debían estar vendados. Insistió en conocer los detalles, pero no quise decirle nada más, lo que provocó cierto nerviosismo por su parte, aunque acabó accediendo ya que, además de inquieta, también comenzaba a estar excitada.
En la habitación, se quitó la ropa en silencio mientras yo sacaba algunos juguetes y los dejaba al alcance la mano. Después, la puse de rodillas sobre la cama, até sus tobillos y le vendé los ojos. Estuve un rato acariciando sus pezones, incrementando poco a poco la presión, hasta que fueron endureciéndose como dos pequeñas piedras preciosas. Su coño estaba húmedo cuando llamaron a la puerta. Acerqué mis labios a su rostro y le dije en un susurro que, pasase lo que pasase, ella debía ser obediente y que yo estaría a su lado.
Abrí la puerta una, dos, tres y cuatro veces en menos de cinco minutos. No hubo ningún intercambio de palabras, pues todo había sido ya acordado de antemano.
Me senté en la butaca y observé el espectáculo. Quizás otro día os lo cuente con detalles. Os diré tan solo que fueron casi dos horas enloquecidas y que, cuando ellos ya se habían marchado, y le quité la venda de los ojos, su mirada, como la de un whisky añejo, era una extraña mezcla de abandono y de deseo.

Y.... ya llegué por aquí también!
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Bienvenida seas también por estos lares.
ResponderEliminarme gustaría saber cuál fue el hotel. Gracias
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